El editorial del periódico An-Nabaa (número 533, publicado el 5 de febrero de 2026), titulado «La incursión de Niamey: implicaciones y lecciones», ha suscitado una amplia ola de interrogantes en torno a los cambios profundos que experimenta el grupo Dáesh, tanto en su estructura organizativa como en su filosofía combativa. Detrás del lenguaje celebratorio que acompaña al ataque contra el aeropuerto de Niamey, en Níger, se perfila lo que puede describirse como un auténtico “manifiesto de reconfiguración geosociopolítica”, mediante el cual la organización intenta desplazar su centro de gravedad del Oriente Próximo árabe hacia la región africana del Sahel. Con ello, Dáesh anuncia el inicio de una fase de “centralidad africana”, en abierta confrontación con los liderazgos árabes históricos, particularmente los asociados a Al Qaeda.
La organización presenta el ataque al aeropuerto de Niamey como una “etapa nueva y decisiva”, calificándolo de “incursión bendita” que habría golpeado el nervio del Estado en la capital. Sin embargo, un examen riguroso de la situación sobre el terreno pone de relieve una profunda brecha entre el discurso propagandístico y los hechos constatados. Mientras Dáesh afirmaba haber enfrentado una ausencia total de resistencia, los informes oficiales de Níger confirmaron la neutralización del ataque, la muerte de 20 de los agresores y la detención de otros 11, entre ellos un ciudadano francés.
Pese al empleo de medios relativamente avanzados —como el uso de drones para intentar atacar aeronaves del tipo Bayraktar TB2 y Mi-17—, la exageración de los resultados persigue esencialmente la construcción de una “victoria ilusoria”, destinada a compensar las pérdidas acumuladas del grupo en sus bastiones tradicionales. Al mismo tiempo, busca minimizar el papel de las fuerzas locales y de sus aliados, en particular las fuerzas rusas, cuya eficacia quedó demostrada al repeler la ofensiva.
El aspecto más peligroso de este editorial reside en su instrumentalización del discurso religioso (En el texto, “sustitución” se entiende como un concepto religioso-político instrumentalizado por Dáesh para justificar un cambio de liderazgo, de actores y de espacios dentro del yihadismo global). Dáesh se apoya en versículos coránicos vinculados a la llamada “ley de la sustitución” para lanzar un reproche severo contra el componente árabe, bajo el pretexto del “retraso en el proceso de la yihad”. De acuerdo con diversos observadores, este planteamiento trasciende con creces el ámbito de la prédica religiosa y se inscribe en una operación deliberada de “liquidación moral” dirigida contra Al Qaeda en el Sahel, representada por el grupo JNIM.
Mediante la glorificación de los combatientes africanos “ajamíes” (no árabes), descritos como “héroes de la yihad pura”, Dáesh intenta socavar la legitimidad de los liderazgos históricos de Al Qaeda, de raíz árabe, y presentarse como una organización genuinamente transnacional y transfronteriza. No obstante, este supuesto “yihad puro” no es sino un velo ideológico que encubre una competencia violenta y sangrienta por el control de la influencia y los recursos en la región del Sahel, escenario de enfrentamientos recurrentes entre facciones de Dáesh y de Al Qaeda.
El texto revela con claridad la aspiración de Dáesh de convertir África en la “columna vertebral” de sus operaciones armadas, aprovechando el vacío de seguridad generado por la retirada de las potencias occidentales. Los indicios apuntan a un proceso de “reinvención” del grupo, marcado por una cooperación creciente entre las wilayas del Sahel y de África Occidental (ISWAP), lo que podría derivar en la transformación de estas estructuras en fuerzas semi-regulares dotadas de tecnologías militares modernas.
Este desplazamiento hacia la “ajamía” —entendida como la primacía de combatientes y liderazgos no árabes— en el discurso y en las estructuras de mando constituye, por un lado, una respuesta directa a la crisis de reclutamiento que afecta a la organización en los entornos árabes tras las derrotas sufridas entre 2017 y 2019. Por otro, actúa como un verdadero “imán” para atraer combatientes extranjeros, al presentar el Sahel como una “casa de emigración alternativa”.
El editorial de An-Nabaa se configura como un grito propagandístico destinado a ocultar la debilidad estructural de Dáesh mediante la exacerbación de las divisiones y la polarización de las identidades locales africanas. Esta orientación augura una escalada sin precedentes de violencia transfronteriza, susceptible de dirigirse contra capitales africanas e infraestructuras estratégicas.
Enfrentar esta mutación no exige únicamente respuestas militares, sino también la necesidad de desmontar el discurso “sustitutivo” promovido por la organización y de reforzar la cooperación regional en materia de seguridad, con el fin de cerrar las brechas que permiten a Dáesh afianzarse en su nuevo laboratorio saheliano.