Análisis del Editorial de la Revista "An-Nabaa" (Núm. 539) Título: «Las incursiones ramadánicas»

  • | Tuesday, 24 March, 2026
Análisis del Editorial de la Revista "An-Nabaa" (Núm. 539) Título: «Las incursiones ramadánicas»
   El texto de este número insta a instrumentalizar el simbolismo religioso del mes sagrado de Ramadán para justificar operaciones terroristas y redoblar lo que denomina «yihad individual» (yihad al-‘ayn), presentándolo como la forma más sublime de adoración. En un intento de conferir legitimidad sharía a los ataques militares en el Levante (Siria), las provincias de África Occidental y Central, y Mozambique, el texto los vincula con la efeméride de la «Batalla de Badr». Asimismo, la organización terrorista promueve la noción de un «yihad sostenible», descrito como un «mercado de beneficios abierto» e inagotable, exhortando a la «infiltración en las filas del enemigo» de manera continuada, incluso tras la conclusión del Ramadán.
Para cimentar estas ideas erróneas en la mente de sus seguidores, el texto recurre a la cita fragmentaria del hadiz: « Una parte de mi gente no dejará de luchar por la Verdad y prevalecerá hasta el Día de la Resurrección.», pretendiendo que el Dáesh representa a la «Facción Victoriosa». Del mismo modo, califica el combate contra lo que denomina «ejércitos de la incredulidad» —desde Nigeria hasta Damasco— como un deber divino supremo para restaurar la dignidad de la nación y el retorno a sus «eras doradas».
Como es habitual, la revista «An-Nabaa» no desaprovecha ninguna festividad o temporada religiosa sin intentar explotarla para sus fines perversos, incitando a la violencia y amenazando la estabilidad de las sociedades donde opera. Estas comunidades, en su mayoría, son regiones con fragilidad de seguridad que sufren condiciones de vida precarias y una situación económica deteriorada.
Por lo tanto, este discurso es una continuación de la misma narrativa y propaganda adoptada por el Dáesh, que busca obtener réditos publicitarios tras sus derrotas sobre el terreno. Se trata de un artículo retórico, entusiasta y cargado de emotividad, pero que en su esencia constituye una distorsión del concepto de yihad legítimo en el islam, contraviniendo la perspectiva correcta, la realidad histórica y la jurisprudencia.
El artículo establece una comparación falaz entre las «incursiones ramadánicas» llevadas a cabo por los extremistas del grupo Dáesh y la biografía del Profeta, la cual se fundamenta esencialmente en la paz, considerando el combate únicamente como un medio de defensa de la religión y de la comunidad musulmana.
Sin embargo, el autor presenta aquí el yihad como una solución única y permanente para recuperar la gloria de la nación, sin explicar su naturaleza ni contra quién se dirige. Esto contrasta frontalmente con la biografía del Profeta Muhammad, cuyas posiciones demuestran que siempre buscaba la paz y agotaba todos los medios pacíficos antes de recurrir a cualquier combate. El Profeta del Islam no desaprovechó ninguna oportunidad de evitar el derramamiento de sangre; fue «misericordia para los mundos» tanto en la guerra como en la paz.
-La Constitución de Medina (As-Sahifa): Puede considerarse el primer contrato social escrito en la historia islámica. Fue suscrito por el Profeta tras su emigración (Hégira) con musulmanes, judíos y otros grupos. Estipulaba la convivencia pacífica, la igualdad en derechos y deberes, el rechazo a la injusticia y la defensa mutua de la ciudad sin coacción religiosa: «Los judíos tienen su religión y los musulmanes la suya», constituyendo todos «una sola comunidad». Esto confirma que él fundó un Estado pluralista que no tendía al uso de la fuerza para imponer su dominio.
-El Tratado de Hudaybiyyah: Actuó como un «tratado de paz» firmado con los Quraysh, a pesar de la opresión y las injusticias sufridas por los musulmanes. El Profeta —con perspicacia de estadista— prefirió la paz para evitar el derramamiento de sangre. La guerra solo comenzó después de que los Quraysh rompieran el pacto indirectamente a través de sus aliados.
-La Conquista de La Meca (8 d.H. / 630 d.C.): Tras veinte años de persecución, el Profeta entró en La Meca victorioso y sin apenas combatir. En lugar de vengarse, preguntó a sus antiguos perseguidores: «¡Oh pueblo de Quraish! ¿Qué pensáis que haré con vosotros?” Respondieron: “Eres un honorable hermano hijo de un honorable hermano”. Entonces les dijo: “Les diré las mismas palabras que (el Profeta) Yusuf (José) dijo a sus hermanos: {…No seréis censurados en nada hoy…}[Corán 12:92], ¡podéis marcharos, sois libres!” ». Esta es la ética del «Profeta de la Misericordia».
Existe un abismo entre el Profeta, que combatió por defensa tras agotar los medios pacíficos y estableció reglas estrictas (prohibiendo matar a mujeres, niños, ancianos o monjes), y una facción extraviada como el Dáesh, que califica sus actos de sabotaje como «incursiones». El grupo extremista practica el anatema (takfir) contra la generalidad de los musulmanes y se excede en el asesinato, alegando poseer la verdad absoluta. Sus ataques en el Sahel africano, Nigeria y Mozambique, que denominan «incursiones», son una calumnia manifiesta. Los informes del Observatorio de Al-Azhar Contra el Extremismo confirman que más del 90 % de sus víctimas son musulmanes inocentes, lo cual contradice directamente el hadiz: «El musulmán es aquel de cuya lengua y manos están a salvo los demás musulmanes» (Sahih Muslim).
Finalmente, el uso fragmentario de los textos religiosos por parte del Estado Islámico recuerda a los jariyíes de la época de Alí ibn Abi Tálib, quienes utilizaban consignas religiosas para justificar la violencia contra la comunidad. La verdadera solución reside en la unidad, el conocimiento y la inclinación hacia la paz que estableció el Profeta, como dice el Corán: «Y si se inclinan a la paz, inclínate tú también a ella...» (Corán, 8: 61).
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