Editorial de «An-Nabaa» n.º 541 (jueves, 2 de abril de 2026) Título: "La mezquita de Al-Aqsa y nuestros prisioneros"

  • | Sunday, 12 April, 2026
Editorial de «An-Nabaa» n.º 541 (jueves, 2 de abril de 2026) Título: "La mezquita de Al-Aqsa y nuestros prisioneros"

    El editorial del semanario «An-Nabaa» emplea una estrategia de manipulación retórica al iniciar con un título que sugiere abordar la situación de los prisioneros palestinos en cárceles israelíes —mencionando la ley de ejecución aprobada por el Knéset el 30 de marzo de 2026— para, posteriormente, virar de forma abrupta hacia la situación de los «prisioneros musulmanes» en las cárceles de Irak. En este giro, acusa a la «resistencia chiita» (facciones chiíes y el Gobierno iraquí) de perpetrar ejecuciones masivas, secretas y sistemáticas de forma diaria.

El texto instrumentaliza acontecimientos reales, como el cierre de la mezquita de Al-Aqsa desde el 28 de febrero de 2026 y la citada ley israelí, para vincular a judíos y rafidíes (chiíes) en un supuesto «odio común hacia los musulmanes». Bajo esta premisa, el editorial incita abiertamente a la quema de sinagogas en América, Europa y países árabes. Asimismo, recurre a la excomunión (takfir) de los chiíes y manipula versículos coránicos, hadices y hechos históricos —tales como la entrada de ʿUmar ibn al-Jattāb, segundo califa de los musulmanes, en Jerusalén y su liberación posterior por Ṣalāḥ al-Dīn— para justificar la violencia sectaria y proponer una «purificación» del frente interno antes de cualquier enfrentamiento en Jerusalén.

En primer lugar, el discurso analizado se alinea con la retórica característica de Dáesh: una narrativa emocionalmente exacerbada, carente de rigor documental, cuyo fin es suscitar la fitna (discordia) sectaria. Esta incitación se dirige especialmente contra el Gobierno iraquí en un contexto geopolítico sensible. Mientras que la coyuntura exigiría un llamado a la unidad frente a agresiones externas, el texto promueve la fragmentación y el debilitamiento de la estabilidad social.

Se observa una contradicción interna deliberada en la estructura del editorial. El texto admite explícitamente: «A primera vista parecerá... que estamos hablando del tema de los prisioneros palestinos», para redirigir inmediatamente la atención hacia «otros a quienes ejecutan en las cárceles de Irak». Este procedimiento constituye un engaño retórico destinado a capitalizar la simpatía por la causa palestina y transformarla en ira sectaria contra los chiíes.

Esta táctica contradice la propia metodología previa de la organización, que en ediciones anteriores (como el n.º 412) ha calificado a Hamás y a la resistencia palestina como «sectas descarriadas» o «apóstatas». Por tanto, el uso actual del sufrimiento palestino es puramente oportunista, un estilo propagandístico documentado con frecuencia por el Observatorio de Al-Azhar para Combatir el Extremismo.

Respecto a las «ejecuciones masivas» en cárceles iraquíes, el editorial vierte afirmaciones no sustentadas, describiendo procesos sin juicio previo, ejecuciones de mujeres y la existencia de prisiones subterráneas secretas. No obstante, la evidencia disponible y los informes de organismos como Amnistía Internacional o diversas ONG de derechos humanos no confirman la existencia de tales masacres sistemáticas en abril de 2026. Si bien Irak aplica la pena de muerte en casos de terrorismo tras procesos judiciales, y el hacinamiento es un problema real documentado, las cifras y la descripción de «limpieza sectaria» presentadas por «An-Nabaa» carecen de respaldo probatorio y resultan hiperbólicas.

Uno de los puntos más críticos es la incitación al ataque indiscriminado contra lugares de culto. El texto insta a quemar sinagogas en Occidente y en países árabes como Túnez, Marruecos o Emiratos. Esta acción está taxativamente prohibida en el islam. El Noble Corán establece: «Si Dios no contuviera a unos hombres por medio de otros, habrían sido destruidos monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas en las que se menciona abundantemente el nombre de Dios» (Corán, 22:40). En la misma línea, el primer califa, Abū Bakr al-Ṣiddīq, instruyó explícitamente a sus ejércitos no destruir lugares de culto ni talar árboles frutales.

Instituciones como Dar al-Iftāʾ de Egipto y la Liga Mundial Islámica, a través del «Documento de La Meca» (2019), han calificado estos discursos como jariyíes, subrayando la inviolabilidad de los civiles y sus centros de oración. El editorial también incurre en errores históricos graves al afirmar que ʿUmar ibn al-Jattāb o Ṣalāḥ al-Dīn liberaron Jerusalén mediante el exterminio de sus oponentes; por el contrario, las fuentes históricas —incluso las no musulmanas— destacan el «Pacto de ʿUmar» como un modelo de justicia y seguridad para la «Gente del Libro».

En definitiva, este discurso representa un modelo arquetípico de la retórica extremista: se basa en la selección sesgada de textos, la distorsión histórica y la instrumentalización del dolor ajeno para fomentar la violencia. Es una narrativa que contradice los fines supremos de la sharía (preservación de la vida, la religión y la razón) y que, paradójicamente, beneficia los intereses de los adversarios de los musulmanes al fomentar la fragmentación interna en un momento de necesidad crítica de unidad.

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