«¿Quién se alzará con el título?» Oportunismo mediático y bancarrota operativa: una lectura crítica del editorial de Al-Naba’ (n.º 552)

«¿Quién se alzará con el título?» Oportunismo mediático y bancarrota operativa: una lectura crítica del editorial de Al-Naba’ (n.º 552)

  • | Wednesday, 24 June, 2026
«¿Quién se alzará con el título?» Oportunismo mediático y bancarrota operativa: una lectura crítica del editorial de Al-Naba’ (n.º 552)
     El editorial publicado en el número 552 del semanario An-Nabaa, bajo el título «¿Quién se alzará con el título?» y referido a la Copa Mundial de la FIFA 2026, representa un ejemplo paradigmático de la instrumentalización de eventos internacionales de amplia cobertura mediática por parte de las organizaciones extremistas. A través de esta estrategia, dichas organizaciones buscan reactivar su aparato propagandístico y recuperar parte del protagonismo simbólico perdido como consecuencia de sus derrotas y retrocesos en el terreno operativo.
En los estudios sobre seguridad y comunicación, este fenómeno suele analizarse como la instrumentalización de los grandes acontecimientos mediáticos. A través de esta estrategia, los grupos extremistas intentan convertir cualquier evento de alcance mundial y amplia audiencia en una plataforma para difundir mensajes ideológicos y contenidos de incitación.
Este editorial resulta especialmente significativo porque pone de manifiesto una transformación en la estrategia de Daesh. Tras el colapso de su proyecto territorial y la pérdida de la mayor parte de las zonas que controlaba, el grupo ha pasado a depender cada vez más de la propaganda digital, la incitación en línea y la explotación de eventos internacionales para compensar su declive militar y su incapacidad de influir directamente sobre el terreno.
El autor abre su artículo con una serie de preguntas retóricas que, a primera vista, parecen simples comentarios sobre un acontecimiento deportivo. Sin embargo, cumplen una función propagandística concreta: reinterpretar el campeonato deportivo dentro del marco del conflicto ideológico promovido por la organización.
Esta estrategia no es nueva en el discurso de Dáesh. El semanario An-Nabaa ha recurrido repetidamente a acontecimientos religiosos, políticos y deportivos para transformarlos en material propagandístico. Lo mismo ocurrió en números anteriores, en los que la temporada de la peregrinación (ḥaŷŷ) o diversos acontecimientos regionales fueron utilizados para atacar a los adversarios de la organización y acusarlos de traición o apostasía.
Resulta particularmente reveladora la pregunta formulada por el autor: «¿Cómo preparó Trump el terreno para esta (es decir, la Copa del Mundo) y la antepuso a la guerra contra Irán?».
Esta afirmación no puede interpretarse al margen de la hostilidad constante que Dáesh manifiesta hacia el régimen iraní. Asimismo, refleja un intento de incorporar los conflictos regionales a la narrativa yihadista de la organización, basada en explotar las contradicciones entre sus adversarios y alimentar dinámicas de polarización y confrontación.
El editorial critica a los musulmanes que siguen las competiciones deportivas, argumentando que estas actividades «los apartan de algo más elevado: su adoración y su yihad».
A través de este planteamiento, el grupo intenta convertir un acontecimiento deportivo internacional en una cuestión doctrinal, vinculando el seguimiento de los partidos con conceptos como al-walā’ wa-l-barā’ (lealtad y desvinculación religiosa) y con la idea de un supuesto conflicto religioso permanente.
Esta aproximación revela uno de los mecanismos fundamentales de la propaganda extremista: criminalizar comportamientos cotidianos perfectamente normales y reinterpretarlos dentro de una maniqueísmo absoluta entre fe e incredulidad.
El deporte, que constituye una actividad humana y recreativa legítima, pasa así a convertirse en el discurso de Dáesh en una prueba de ortodoxia religiosa y de fidelidad ideológica.
Además, la organización incurre en una contradicción evidente. Por un lado, reconoce que el islam tiene en cuenta las necesidades físicas y psicológicas del ser humano y permite la práctica deportiva dentro de unos límites legítimos. Por otro, promueve una visión que elimina la dimensión humana en favor de un estado permanente de movilización y conflicto.
De esta manera, busca aislar a los jóvenes de su entorno social y cultural y mantenerlos en una situación constante de tensión psicológica que facilite su exposición a mensajes radicales.
Desde una perspectiva jurídica islámica, admirar la habilidad de un deportista o seguir una competición internacional no guarda relación alguna con la lealtad doctrinal ni afecta a la fe o a la identidad religiosa del creyente. Por ello, vincular el apoyo a una actividad deportiva con el concepto de al-walā’ wa-l-barā’ constituye una utilización abusiva de categorías religiosas fuera de su contexto legítimo.
Posteriormente, el autor se dirige de forma explícita a los simpatizantes de la organización mediante la expresión: «Sabed, oh musulmanes...», exhortándolos a aprovechar el acontecimiento deportivo para desarrollar campañas de propaganda organizadas en Internet.
El texto anima a los seguidores del grupo a «invadir las etiquetas globales (hashtag) y ponerlas al servicio del monoteísmo y el yihad», reflejando así un intento deliberado de aprovechar la enorme interacción generada por el torneo para difundir contenidos extremistas y alcanzar nuevos públicos.
El objetivo no se limita a la difusión propagandística. También busca crear entornos digitales favorables a la radicalización, la captación y el reclutamiento de nuevos simpatizantes.
Esta orientación evidencia la importancia que la organización concede al espacio virtual como sustituto de los territorios que perdió durante los últimos años.
El texto incorpora otro mecanismo propagandístico especialmente peligroso: la deshumanización de las víctimas potenciales.
Cuando el autor describe a las multitudes civiles como «rebaños errantes de la incredulidad», no está recurriendo únicamente a un lenguaje insultante. Está aplicando una técnica ampliamente estudiada en los procesos de radicalización violenta: la deshumanización del enemigo.
Este recurso constituye una etapa fundamental en la legitimación de la violencia, ya que presenta a las víctimas como masas humanas carentes de valor moral o dignidad, facilitando posteriormente la justificación de su eliminación física.
A lo largo de la historia, numerosos movimientos extremistas y violentos han empleado esta técnica para legitimar atrocidades colectivas. El proceso suele comenzar con la negación de la humanidad del adversario antes de pasar a la incitación explícita a la violencia.
El editorial alcanza su punto más peligroso cuando abandona la mera propaganda verbal y pasa a promover abiertamente la violencia.
El autor presenta el campeonato como una «oportunidad de oro para que el combatiente solitario revitalice el principio de lealtad y desvinculación y renueve los ataques individuales, especialmente en el corazón de la América cruzada».
Este planteamiento refleja claramente la adopción del modelo conocido como terrorismo de lobos solitarios, basado en estimular a individuos para que lleven a cabo acciones violentas sin necesidad de mantener vínculos operativos directos con la organización ni de formar parte de una estructura jerárquica compleja.
El texto no se limita a una llamada genérica a la violencia, sino que ofrece descripciones detalladas de posibles formas de agresión, afirmando: «Donde golpees causarás dolor; donde hundas tu cuchillo derramarás sangre; y si lanzas tu vehículo, romperás y destruirás».
Incluso va más allá cuando plantea la posibilidad de provocar incendios en lugares de concentración masiva de personas: «Imagina que logras provocar un incendio en las gradas y desencadenas una estampida que cause la muerte de cientos de personas... Es una idea digna de llevarse a cabo».
Estas afirmaciones muestran con claridad que la organización no distingue entre combatientes y civiles, ni entre hombres, mujeres, niños o ancianos. Las concentraciones humanas son consideradas objetivos legítimos siempre que permitan obtener un elevado impacto mediático.
También resulta significativo que el autor anime a sus seguidores a «conservar una copia del mapa del mundo y del calendario anual sobre su escritorio o en la pared de su habitación», lo que sugiere una voluntad de identificar acontecimientos internacionales y reuniones multitudinarias como posibles objetivos de futuras acciones terroristas.
Sin embargo, estas propuestas contradicen de manera frontal tanto los principios fundamentales de la ley islámica como sus objetivos superiores.
En primer lugar, la entrada en otros países o la participación en eventos internacionales se realiza en el marco de acuerdos y garantías reconocidos legalmente. La violación de dichos compromisos constituye una forma de traición prohibida por la jurisprudencia islámica. El Profeta Muḥammad dijo: «Quien mate a una persona bajo pacto de protección no olerá siquiera la fragancia del Paraíso».
En segundo lugar, atacar a civiles, mujeres, niños y otras personas que no participan en hostilidades contradice claramente la práctica profética, que prohibió expresamente la agresión contra quienes no intervienen en los combates, así como la traición, la mutilación y la intimidación de los inocentes.
En tercer lugar, las llamadas a apuñalar, atropellar, provocar incendios o generar estampidas entre la población constituyen manifestaciones evidentes de corrupción y violencia contra personas inocentes, incompatibles con el objetivo fundamental de la ley islámica de proteger la vida humana y preservar la seguridad colectiva.
Por último, transformar acontecimientos deportivos, culturales o civiles en objetivos de violencia no guarda relación alguna con el concepto legítimo de yihad en el islam, sino que se encuadra dentro de las prácticas terroristas dirigidas contra inocentes y orientadas a sembrar el miedo y el caos en la sociedad.
En conclusión, el editorial de An-Nabaa (n.º 552) demuestra que Dáesh continúa explotando los grandes acontecimientos internacionales para reforzar su propaganda ideológica. Asimismo, refleja la transformación estratégica experimentada por la organización tras la pérdida de la mayor parte de sus antiguos bastiones territoriales.
En lugar de hablar de construcción social, desarrollo o reforma, el discurso se centra ahora en la incitación individual, la explotación del entorno digital y la promoción de ataques contra concentraciones civiles con gran visibilidad mediática.
Esta evolución pone de manifiesto una situación de retroceso estratégico y bancarrota operativa. Incapaz de imponer su proyecto sobre el terreno, la organización depende cada vez más de la producción de miedo y de la búsqueda del impacto mediático a través de mensajes de incitación.
Por ello, este editorial no constituye simplemente un comentario sobre un acontecimiento deportivo internacional. Representa un ejemplo de propaganda extremista que pretende transformar espacios de encuentro humano y convivencia en escenarios de odio y violencia, en abierta contradicción con los objetivos fundamentales de la ley islámica, basados en la protección de la vida, el respeto a los compromisos adquiridos y la preservación de la seguridad y la estabilidad de las sociedades.
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Categories: Artículos
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