El silencio mediático y la huida hacia lo trascendente: una lectura analítica del editorial de «An-Nabaa», número 563

El silencio mediático y la huida hacia lo trascendente: una lectura analítica del editorial de «An-Nabaa», número 563

  • | Tuesday, 8 September, 2026
El silencio mediático y la huida hacia lo trascendente: una lectura analítica del editorial de «An-Nabaa», número 563

     La publicación del presente número se produjo en un momento marcado por una evidente expectación entre los círculos que siguen al Estado Islámico, tras el anuncio de la muerte del portavoz de la organización, conocido como Abu Hudhayfa al-Ansari, en una operación de seguridad llevada a cabo en la ciudad de Seiyun, en la provincia yemení de Hadramaut. A ello siguió una espera generalizada ante la eventual publicación de una posición oficial por parte del aparato mediático central de la organización.

Sin embargo, el número publicado el 3 de septiembre de 2026 no incluyó, de manera llamativa, ninguna referencia directa ni indirecta al destino del portavoz ni a los acontecimientos relacionados con él. Este silencio parece inscribirse en una pauta comunicativa conocida en las organizaciones extremistas a la hora de gestionar crisis delicadas relacionadas con sus estructuras de liderazgo.

No obstante, este silencio no constituyó, en sentido estricto, un vacío comunicativo. «An-Nabaa» no dejó de producir discurso, sino que evitó abordar precisamente el asunto que concentraba la atención de su público y lo sustituyó por una narrativa doctrinal y escatológica de gran intensidad. El editorial, titulado «Un recordatorio para quien tenga corazón», dedicó su contenido a los terremotos y a otros fenómenos naturales ocurridos recientemente, especialmente en Myanmar, presentándolos como señales y advertencias vinculadas a las leyes divinas que, según esta visión, gobiernan el curso de los acontecimientos y anuncian la proximidad del Día del Juicio.

Desde esta perspectiva, el significado del editorial trasciende los límites de la mera exhortación religiosa. Lo que parece haberse producido es un desplazamiento deliberado de la gestión de la información hacia la gestión de la atención. En lugar de responder a la pregunta que se imponía entre los seguidores y observadores —¿qué ha ocurrido con el portavoz oficial de la organización? —, el editorial redirige la atención del lector hacia una cuestión completamente distinta: ¿qué está ocurriendo en el mundo y cuál es el significado de las catástrofes y perturbaciones que lo afectan?

Este mecanismo puede describirse como una forma de sustitución temática: el vacío dejado por una información cuya comunicación se aplaza es ocupado por un discurso alternativo, con mayor capacidad para suscitar emociones y orientar la percepción. Cuando disminuye la certeza informativa respecto de un acontecimiento organizativo sensible, se ofrece una certeza doctrinal alternativa; y cuando surge la inquietud por el destino de la dirección, dicha inquietud es desplazada hacia un horizonte más amplio relacionado con el castigo, la prueba, las tribulaciones y el destino escatológico.

El editorial parte de una interpretación de las catástrofes naturales como mensajes dotados de significado religioso y las vincula con lo que describe como la expansión de la corrupción y la oposición a la aplicación de la ley islámica. Para ello recurre a conceptos como la «sunnat al-dafʿ» (la ley divina según la cual unas fuerzas o grupos contienen o repelen a otros). Este concepto alude, de manera general, a la idea de que Dios hace que unas fuerzas o grupos contengan o repelan a otros, evitando así que el mal o la corrupción se extiendan sin límite. En el contexto del editorial, esta noción permite presentar las calamidades y conflictos que afectan a determinados actores como parte de una dinámica providencial mediante la cual sus enemigos quedan ocupados o debilitados por acontecimientos que escapan al control humano.

De este modo, el fenómeno natural deja de ser un acontecimiento independiente susceptible de una explicación científica u objetiva y pasa a integrarse en una narrativa cósmica interpretada por la organización según su propia visión ideológica. El acontecimiento es así instrumentalizado para intensificar el temor y el sobrecogimiento, promover el arrepentimiento y reforzar la adhesión al marco interpretativo propuesto por el grupo.

Este desplazamiento resulta especialmente significativo por producirse en un momento de particular sensibilidad organizativa y mediática. Por ello, parece más adecuado interpretarlo no como una «incapacidad para analizar la realidad política», sino como una suspensión estratégica del discurso político directo. La organización puede interpretar los acontecimientos, pero evitar una discusión pública sobre cuestiones políticas o de seguridad que volvería al centro del debate las preguntas que pretende aplazar: qué ha ocurrido dentro de la organización, cuál es la magnitud de la pérdida y si existen preparativos para una nueva etapa.

Esta interpretación coincide con los estudios especializados sobre la comunicación de las organizaciones terroristas, según los cuales la pérdida de figuras dirigentes o mediáticas puede afectar tanto al volumen de la propaganda como al modo de encuadrar sus mensajes. Su discurso está, además, estrechamente condicionado por la necesidad de preservar la cohesión interna y gestionar las percepciones de sus públicos y seguidores.

La trayectoria mediática de Dáesh muestra asimismo una marcada selectividad en el tratamiento de los acontecimientos desfavorables y una tendencia a reencuadrar las pérdidas, evitando que estas determinen por sí mismas su significado ante el público. Los análisis de «An-Nabaa» durante períodos de retrocesos militares han mostrado que la organización suele centrar la atención en las operaciones o pérdidas de sus adversarios, o desplazarla hacia otros frentes y acontecimientos, en lugar de situar sus propias derrotas en el centro de su discurso.

Desde esta perspectiva, el silencio del número 563 puede entenderse como parte de un mecanismo más amplio de gestión de crisis. El silencio no significa aquí ausencia de mensaje, sino la selección del mensaje que conviene transmitir y el aplazamiento de aquel que la organización aún no desea ofrecer. Por ello, en determinadas circunstancias, el significado de una ausencia informativa puede ser tan relevante como la de una presencia, especialmente cuando se refiere a una figura que desempeña la función de portavoz oficial y constituye uno de los rostros centrales de la organización.

El discurso cumple también aquí una función psicológica adicional: el público receptor pasa de una inquietud organizativa concreta a una ansiedad existencial más amplia. En lugar de permanecer concentrados en preguntas como: ¿ha muerto el portavoz?, ¿ha sufrido la organización una brecha o una infiltración en materia de seguridad?, ¿quién podría sucederlo?, los seguidores son trasladados hacia el universo de los terremotos, las señales de la Hora, el castigo y las tribulaciones.

De este modo, una inquietud concreta queda absorbida por una preocupación mayor, y la crisis organizativa pierde parte de su centralidad en favor de una narrativa cósmica y global. La preocupación por el destino de un individuo o por la situación interna de una organización queda así integrada en una representación mucho más amplia de un mundo sacudido por señales, pruebas y acontecimientos interpretados como expresión de una voluntad divina.

Esto no significa necesariamente que el discurso exhortativo del editorial haya sido elaborado exclusivamente con el propósito de encubrir una crisis de liderazgo, pues una afirmación de ese tipo requeriría pruebas internas que no están disponibles. Sin embargo, la coincidencia entre la persistencia del silencio respecto de una cuestión que preocupa al entorno afín a la organización y el recurso reiterado a un discurso escatológico intenso permite realizar una lectura funcional de este desplazamiento como un posible instrumento para gestionar la atención y la inquietud, así como para aplazar una respuesta mediática hasta un momento considerado más conveniente.

«An-Nabaa» ha adquirido una importancia particular dentro del sistema comunicativo de la organización como una de sus plataformas centrales, al combinar la transmisión de noticias y operaciones con la producción de interpretaciones ideológicas y políticas de los acontecimientos. Los estudios especializados sobre la comunicación de Dáesh han señalado que la evolución de su discurso mediático ha estado estrechamente relacionada con sus transformaciones militares y organizativas y que la propaganda ha seguido funcionando como un instrumento destinado a preservar el vínculo entre la dirección central y su entorno de apoyo, así como a reforzar la impresión de continuidad y cohesión incluso en períodos de retroceso y presión.

En consecuencia, lo más significativo que revela el editorial del número 563 no es simplemente el recurso de «An-Nabaa» a una interpretación sobrenatural o escatológica de las catástrofes naturales, sino la función que este tipo de discurso puede desempeñar en un momento de especial sensibilidad. Lo trascendente no aparece aquí como una retirada completa de la realidad, sino como una forma de reconfigurar la manera en que esta realidad es percibida.

El receptor es trasladado del mundo de los hechos y de las preguntas que requieren respuestas directas al mundo de la interpretación, la creencia y las leyes que, desde la perspectiva doctrinal de la organización, rigen el universo y la historia.

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