La presencia femenina en las organizaciones extremistas ha dejado de ser una circunstancia marginal como antaño. Con el desarrollo de las estrategias de estas agrupaciones, el reclutamiento de mujeres se ha convertido en parte integral de la estructura organizativa, e incluso en un instrumento eficaz para servir a sus fines propagandísticos y operativos.
En un desarrollo inquietante, el grupo terrorista Ǧayš Muhammad (lit. Ejército de Muhammad), inscrito en las listas de terrorismo de Naciones Unidas y de varios países occidentales, anunció la creación de un nuevo “ala femenina” bajo la denominación Grupo de las Creyentes. Esta iniciativa, inédita en el historial del grupo, tiene por objetivo reclutar mujeres y niñas para operaciones suicidas, en un intento de reavivar la actividad de la organización tras una serie de golpes de seguridad recibidos en los últimos años.
Antecedentes de la organización e ideología
El Ejército de Muhammad fue fundado en el año 2000 por Masud Aẓhar, tras su liberación de una prisión india mediante un canje. Desde su origen, la organización se ha vinculado a ataques terroristas en Cachemira, especialmente aquellos dirigidos contra las fuerzas indias y edificaciones oficiales. El grupo adopta una ideología extremista, utilizando el discurso religioso para justificar sus operaciones violentas dentro y fuera del territorio indio.
Ha desempeñado un papel central en numerosos atentados sangrientos, entre los que destacan el ataque al Parlamento indio en 2001, el ataque a la base aérea de Pathankot en 2016, y el atentado en Bhilgam en 2025, que costó la vida a decenas de miembros de la seguridad india y provocó un tensionamiento sin precedentes en las relaciones entre India y Pakistán.
Creación del “Grupo de las Creyentes”: una nueva utilización de la mujer
El anuncio de un ala femenina bajo el nombre Grupo de las Creyentes representa un avance cualitativo en la concepción del grupo, pues indica un giro estratégico hacia la explotación de la mujer como instrumento de reclutamiento y difusión de la ideología extremista, e incluso como arma humana en operaciones suicidas.
Según informes de inteligencia, el nuevo grupo busca reclutar a jóvenes estudiantes tanto de áreas rurales como urbanas, empleando redes sociales para difundir su propaganda a través de páginas religiosas y grupos cerrados bajo el lema de “apoyar el Islam y la yihad”.
Las fuentes señalan que el Grupo de las Creyentes prepara a las mujeres ideológica y psicológicamente mediante lecciones religiosas distorsionadas y lecturas extremistas del Corán y la Sunna, presentando el suicidio como la máxima expresión del “martirio”, en un proceso de lavado de cerebro sistemático que recuerda las técnicas del Daesh en Siria e Irak.
Entre los motivos más destacados que impulsan a las mujeres a integrarse en organizaciones extremistas se encuentran:
• Búsqueda de pertenencia: algunas mujeres, al sentirse aisladas o carentes de valor personal, hallan en estas agrupaciones un sentimiento de estima y heroísmo.
• Escape de una realidad social opresiva: los grupos extremistas aprovechan la vulnerabilidad de entornos donde las mujeres sufren violencia familiar o marginación, presentándose como protectores y honrando a la mujer, pese a su naturaleza coercitiva.
• Impulso emocional: algunas mujeres son atraídas mediante relaciones afectivas con miembros de la organización o a través de matrimonios “ideológicos”, integrándose así a la causa junto a su pareja.
• Engaño mediante denominaciones atractivas: ciertas organizaciones utilizan nombres sugestivos de carácter religioso para inducir una falsa sensación de seguridad y pertenencia, haciendo sentir a la mujer parte de una élite “elegida y cercana a Dios”, lo que disminuye su capacidad de percibir contradicciones o peligros. Denominaciones como Grupo de las Creyentes o Hermanas de la Doctrina explotan la inclinación natural de las mujeres hacia la religiosidad, presentando la adhesión a la organización como un acto de piedad, contraviniendo por completo la verdadera naturaleza de estas agrupaciones extremistas.
• Influencia de la propaganda digital: en la última década, los grupos extremistas han empleado plataformas de redes sociales para dirigir mensajes emocionales a mujeres, oscilando entre romanticismo yihadista y la construcción del modelo de la mujer heroína.
Implicaciones de seguridad y políticas de la creación de un ala femenina
Los analistas consideran que la formación de un ala femenina en el Ejército de Muhammad transmite mensajes duales: primero, que la organización intenta reposicionarse tras la reducción de su presencia territorial debido a las operaciones de seguridad pakistaníes; y segundo, que busca aprovechar a las mujeres como una fachada para eludir la vigilancia, dado que pueden desplazarse con mayor facilidad sin levantar sospechas, lo que constituye un desafío nuevo para los organismos de seguridad de la región.
Reacciones internacionales
El anuncio de la creación del Grupo de las Creyentes provocó condenas generalizadas de instancias internacionales y regionales. La misión de Naciones Unidas contra el Terrorismo afirmó que “el reclutamiento de mujeres por organizaciones terroristas constituye una violación flagrante de los derechos humanos” y llamó a coordinar los esfuerzos de inteligencia entre los países asiáticos para enfrentar este peligro.
En India, el Ministerio del Interior declaró que “esta medida confirma la modificación de las estrategias de las organizaciones terroristas en la región”, indicando un refuerzo en la vigilancia de actividades femeninas vinculadas a la propaganda en línea.
La creación del Grupo de las Creyentes no representa solo un añadido organizativo en la estructura del Ejército de Muhammad, sino una transformación de las herramientas de reclutamiento y propaganda, explotando el concepto de “mujer creyente” para legitimar el terrorismo bajo un velo religioso. Este desarrollo revela la peligrosa flexibilidad intelectual de las organizaciones extremistas, que, cuando se les estrecha el cerco, hallan nuevas vías para sobrevivir.
El desafío mayor para las sociedades islámicas y árabes radica en fortalecer la conciencia femenina y juvenil frente a la propaganda de violencia revestida de lemas religiosos, mediante educación religiosa adecuada y programas de concienciación mediática y cultural.
Cabe señalar que la participación femenina en el terrorismo se remonta a múltiples contextos temporales y espaciales, pero el avance reciente se evidencia en la creación de roles nuevos y más riesgosos para las mujeres dentro de estas organizaciones. De limitarse a funciones tradicionales —esposa, madre, enfermera, recaudadora de fondos, transmisora de información— se ha pasado a tareas no convencionales y de mayor peligro: participación en propaganda electrónica, entrenamiento, reclutamiento y ejecución de ataques suicidas.
Por ejemplo, en Daesh, el papel de la mujer no se restringe al contacto con hombres, sino que resulta crucial para mantener la confidencialidad de las operaciones, proveer alimentación y logística, y someterse a entrenamiento físico rutinario para estar listas a defender su causa si fuera necesario.
Medidas preventivas
• Organizar talleres y conferencias que instruyan a las mujeres sobre el extremismo y cómo enfrentarlo.
• Fortalecer el papel de la familia mediante la concienciación sobre el reclutamiento femenino y la supervisión orientadora.
• Establecer programas de apoyo psicológico y social para mujeres vulnerables, promoviendo su participación en actividades comunitarias constructivas.
• Difundir programas educativos en escuelas y universidades sobre el extremismo dirigido a mujeres.
• Desarrollar habilidades de pensamiento crítico y análisis de información para examinar discursos extremistas y evitar caer en sus trampas.
• Eliminar contenido extremista dirigido a mujeres en redes sociales y sancionar a plataformas que lo difundan.
• Presentar historias verídicas de mujeres atrapadas por el extremismo.
El Observatorio de Al-Azhar contra el Extremismo reafirma que el Islam ha honrado a la mujer y le ha conferido una posición elevada, incomparable, mientras que las organizaciones extremistas buscan, mediante tales actos atroces, distorsionar su imagen y presentar el Islam al mundo de forma violenta y deformada, explotando a la mujer para fines ideológicos y políticos.
El Observatorio subraya que liberar a las mujeres del control de los grupos radicales no es solo una acción de seguridad, sino un proyecto integral social, cultural e intelectual. La verdadera batalla comienza con la construcción de un entorno sólido que bloquee toda propaganda engañosa y garantice a las generaciones futuras una protección intelectual, reorientando a la mujer hacia su papel genuino como pilar de construcción y estabilidad, y no como instrumento de destrucción y extremismo.