Durante su intervención en el Congreso de Al-Azhar para la Protección y Promoción de los Derechos de la Mujer, el Gran Imán de Al-Azhar llama a la moderación de las dotes, a facilitar el matrimonio y a devolverlo a la forma sencilla que el islam promovió
En su intervención durante el Congreso sobre la protección y promoción de los derechos de la mujer, celebrado en el Centro de Conferencias de Al-Azhar, el Gran Imán de Al-Azhar, Prof. Dr. Ahmed Al-Tayyeb, subrayó la trascendencia y la sensibilidad del encuentro, al considerar que aborda una de las cuestiones más complejas y decisivas del mundo contemporáneo: la situación de la mujer y el papel del discurso religioso y mediático en su protección y empoderamiento. El Gran Imán de Al-Azhar destacó que el congreso reúne a una élite de eruditos, pensadores, intelectuales y profesionales de los medios procedentes de distintos países, con el objetivo de evaluar la realidad humana y civilizatoria de la mujer musulmana en la actualidad.
Al-Tayyeb advirtió que este congreso “nada contra corrientes muy poderosas” que han erosionado la familia en Occidente y que hoy intentan extender sus efectos al mundo árabe e islámico. Señaló que muchas teorías y movimientos surgidos en las últimas décadas, especialmente ciertas corrientes del feminismo occidental, han promovido una ruptura con el concepto tradicional de la familia, redefiniéndola y sustituyendo figuras como el “esposo” por la de “pareja”, además de legitimar modelos familiares ajenos a la naturaleza humana y a los valores religiosos. A ello se suma, según explicó, el avance tecnológico en ámbitos como la reproducción artificial y el “útero artificial”, que amenaza con vaciar de sentido la institución familiar y con prescindir por completo de la figura masculina.
El Gran Imán propuso analizar la cuestión de la mujer desde tres perspectivas fundamentales. La primera es la perspectiva de la sharía islámica, que liberó a la mujer de las cadenas impuestas por civilizaciones antiguas y culturas preislámicas, como la griega, la romana, ciertas tradiciones religiosas orientales y la ignorancia árabe preislámica, donde la mujer carecía incluso del derecho a la vida. En un contexto histórico profundamente hostil hacia la mujer, el islam proclamó una palabra decisiva e inédita en favor de su dignidad humana, estableciendo la igualdad esencial entre hombres y mujeres y ordenando el buen trato, la misericordia y la justicia en la relación con ellas.
El Dr. Al-Tayyeb recordó que el Profeta Muhammad (PyB) declaró que “las mujeres son las hermanas gemelas de los hombres” y que, en sus últimas recomendaciones, insistió en el respeto y el cuidado hacia ellas. El islam otorgó a la mujer derechos revolucionarios para su tiempo: el derecho a la herencia, a la educación, a elegir esposo, a la independencia económica y a conservar su identidad personal, además de equipararla al hombre en responsabilidades y derechos, incluido el derecho a la separación matrimonial. Todo ello —subrayó— convierte a la mujer en un pilar activo y creativo de la sociedad.
La segunda perspectiva analizada por el Gran Imán es la distorsión histórica que se produjo cuando las costumbres, tradiciones y usos sociales se impusieron sobre los textos claros del Corán y la Sunna. Esta desviación generó una cultura popular que despojó a la mujer de muchos de sus derechos legítimos, confinándola al aislamiento, la debilidad y la aceptación pasiva de la injusticia, en contraste con mujeres de otras culturas que lograron romper sus limitaciones, aun sin contar con una legislación divina tan avanzada como la islámica.
La tercera perspectiva se centra en algunos fenómenos sociales negativos, entre ellos la exageración en las dotes matrimoniales, que ha convertido el matrimonio en un proceso difícil y costoso. El Dr. Al-Tayyeb criticó el silencio de muchos predicadores ante esta práctica y afirmó que la filosofía islámica de la dote que se da a la mujer lo concibe como un símbolo de afecto sincero, no como un instrumento de ostentación o carga económica. Recordó que el Profeta (PyB) facilitó matrimonios con dotes mínimas, incluso enseñando una sura del Corán como dote, y citó hadices que elogian la sencillez en las dotes como fuente de bendición.
El Gran Imán alertó de que la exageración en las dotes ha provocado fenómenos como la soltería forzada y el retraso del matrimonio, generando presiones psicológicas y morales sobre los jóvenes. Por ello, llamó a facilitar el matrimonio y devolverlo a su forma sencilla, considerando este asunto una prioridad en la renovación del discurso religioso.
En la parte final de su discurso, el Gran Imán mencionó otras problemáticas, como el abuso del divorcio y la mala aplicación de la poligamia, alejadas de los fines éticos de la sharía. Asimismo, expuso una serie de resoluciones aprobadas por el Consejo de Grandes Ulemas de Al-Azhar, que afirman la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres, la prohibición de la violencia doméstica, el rechazo a la injusticia en la herencia, la legitimidad del trabajo femenino y la necesidad de proteger la estabilidad familiar.
El discurso concluyó con un mensaje de reconocimiento y gratitud a los organizadores del congreso y con un saludo especial a la mujer palestina, a la que el Gran Imán describió como un modelo supremo de resistencia, dignidad y firmeza frente a la opresión.